El requerimiento es el punto de partida de toda contratación: el área usuaria describe qué necesita (el bien, servicio u obra) y adjunta los TDR o especificaciones técnicas. Sin un requerimiento bien definido, el proceso nace mal.
De su calidad depende todo lo demás: el estudio de mercado, el valor estimado y los criterios de evaluación parten del requerimiento. Requerimientos ambiguos generan consultas, observaciones y hasta nulidades.
El requerimiento se refleja en las bases publicadas. Entenderlo te dice exactamente qué espera la entidad y cómo ajustar tu propuesta.